Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amen.
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,
“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación”. Jesús dijo, “El que crea y se bautice, se salvara; el que se niegue a creer será condenado”. (Mc. 16:15). Qué gran diferencia hace el creer en Dios. Cuando la fe está ausente, el trabajo del Señor se obstaculiza: “Y como no creían en él, no hizo allí muchos milagros” (Mt. 13:58). Cuando la fe es activa, puede mover montañas, pues nada es imposible para Dios. La fe que abre las puertas de nuestros corazones hacia Cristo, es Su gran regalo, una decisión libre de nuestra parte, y una fuerza mayor para formar nuestras vidas independientes, y sin duda la historia del mundo.
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